POR ENCIMA DE LA NIEBLA


La imagen que acompaña esta entrada está tomada desde el Sacro Convento de Asís. Es una estampa habitual de la primavera asisana, cuando la niebla matutina inunda todo el valle y sólo la Basílica de Santa María de los Ángeles, que alberga la pequeña iglesia de la Porciúncula reconstruida por San Francisco, despunta por encima de ella. Es una imagen muy bella y sugestiva, que puede servirnos para recordar que en el camino de la vocación la gracia de Dios y nuestra humilde determinación son siempre más fuertes y, por tanto, capaces de vencer cualquier obstáculo. El secreto: dejarnos alcanzar por la luz de Cristo, capaz de disipar cualquier "niebla" de la mente y del corazón por densa que pueda parecer.

También San Francisco de Asís podría haber acallado esa llamada que escuchó en Espoleto y, después, en la ermita de San Damián, lo cual le habría ahorrado tantos problemas con su padre, con sus conciudadanos... Podría haberse dejado convencer de que la vida a la que el Señor le llamaba era una locura, un sueño inútil, regresando a la comodidad del negocio paterno o a la prometedora carrera militar. Santa Clara, por su parte, podría haber cedido a las presiones violentas de su familia, que había previsto para ella otra cosa muy diferente a la vida pobre y humilde del monasterio de San Damián. Y lo mismo su hermana Inés. Sin embargo, una vez alcanzados todos ellos por la luz de Cristo, no permitieron que nada ni nadie les hicieran retroceder en el camino emprendido. También Santo Tomás Moro podría haber cedido a los deseos de Enrique VIII y hoy sería un triste personaje más, complaciente, sí, con los caprichos del rey, pero títere de una etapa penosa de la Inglaterra del siglo XVI. Santo Tomás de Aquino o Santa Catalina de Siena podrían haber cedido a los deseos de sus familias que habían previsto para ellos caminos muy diferentes a los que el Señor les llamaba. O el Santo Cura de Ars o San José de Cupertino podrían haberse rendido a las dificultades que tuvieron para realizar sus estudios sacerdotales. San Maximiliano Kolbe podría haberse dejado vencer por aquellas dudas durante sus primeros años de seminario, que le empujaban a emprender la carrera militar y dejar la vida religiosa, o, años más tarde, haberse callado en Auschwitz, cuando escuchó los gritos de angustia de aquel joven padre de familia...

Y, sin embargo, todos ellos, y muchos otros, permanecieron fieles a la llamada que Dios les había dirigido y hoy el mundo y la Iglesia son distintos gracias a ellos. Quizás tú también te encuentres en la disyuntiva de elegir entre lo que percibes que Dios te puede estar pidiendo y otros caminos... ¡No tengas miedo! Si percibes en tu interior una alegría distinta ante la idea de que Dios te llama para servirle a él y al prójimo, ésa puede ser la prueba definitiva de tu vocación. La alegría profunda del corazón, que sólo puede venir de Dios, es la brújula que nos marca el camino que debemos seguir en la vida; es la fuerza interior que nos hace capaces de atravesar densas nieblas y de vencer las insidias del Maligno, el gran seductor que promete lo que no puede darnos y es el verdadero enemigo de nuestra alegría... 

¡A Cristo, luz del mundo, gloria y alabanza!

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