19 de mayo de 2014

PARA TI, QUE ESTÁS A PUNTO DE DAR EL PASO


NO OLVIDES...

Que quieres entregarte por completo a Dios. Desde ahora no te pertenecen tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la gloria, la fama. Siempre que vayas detrás de ello te irás apartando de tu vocación.

Que la vocación, la llamada de Dios, no se pierde pero puedes dejar que se enfríe, si diariamente no eres fiel a tu entrega total, fiel al encuentro con tu Maestro y Señor, fiel por encima de todas las dificultades.

Que las dificultades y sufrimientos son inherentes a tu vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos. Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la monotonía... Los sufrimientos suelen venir por donde menos lo esperamos.

Que la perfección no es de este mundo. No existe la Iglesia perfecta, el sacerdote perfecto, la comunidad religiosa perfecta, la parroquia perfecta... ¡Todo eso existe sólo en tu cabeza! 

Que el desánimo es la tentación de abandonar lo grande. No te desanimes cuando te veas incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados a Dios, cuando te sientas un poco solo, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.

Que sin vida de oración, de unión con Dios, pronto estarás más cerca del "mundo" que del "cielo" y entonces no vale la pena tu sacrificio de hoy.

Que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que estás a punto de dejar. Y un consagrado a Dios no puede ser un triste solterón forzado a serlo.

No olvides nunca, y recuerda diariamente, que la felicidad en tu vocación está en razón directa con tu entrega total, humilde, confiada.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!