5 de noviembre de 2014

TÚ ERES BELLEZA

Este es el cartel y el lema que hemos elegido como inspiración para todas las propuestas de pastoral juvenil-vocacional organizadas por los Franciscanos Conventuales de España durante el curso 2014-15. 

En la primera letra del cartel (b) aparece san Francisco quien, después de un lento proceso de conversión, se vence a sí mismo y besa al leproso. En su Testamento confesará que lo amargo se le tornó en dulzura de alma y cuerpo.

En este nuevo curso pastoral mediante el Domund, las campañas de Cáritas, la operación Kilo, Manos Unidas, Jornadas Misioneras Franciscanas y las distintas experiencias de servicio y voluntariado somos invitamos a hacer la misma experiencia de san Francisco: descubrir en el hermano que sufre al mismo Cristo. Miremos al hermano como Dios lo mira, bello, y descubramos en el que sufre la misma belleza de Cristo.

La segunda letra del cartel (e) nos sitúa en el adviento, tiempo de espera. La foto de una mujer embarazada evoca los nueve meses de espera que tienen que transcurrir hasta que pueda ver al hijo de sus entrañas. Imagen paradigmática para nosotros expertos en agobios y prisas, acostumbrados a la velocidad, al AVE, al avión, los 4G... y sin tiempo de contemplar la belleza que nos rodea. Instalados en lo puramente utilitario y práctico ignoramos la belleza porque no sirve para nada. Quien sea incapaz de demorarse lo suficiente para hacer silencio, escuchar y meditar cerrará las puertas a la belleza. Basta vivir agitado para apenas ver la belleza que nos rodea.

La tercera letra (ll) nos habla de nuestra propia belleza. Si en el relato de la creación “todo es bello”, al crear al hombre se afirma que “era muy bello”. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es culmen de la creación. Yo soy bello, muy bello. Pero, ¿de qué belleza estamos hablando? Nuestra cultura dominada por el marketing ve la belleza como una construcción del cuerpo y no de la totalidad de la persona. Quirófanos y botoxs hacen a las personas más “bellas”, pero se trata de una belleza construida, sin alma, una belleza fría y artificial incapaz de irradiar. En realidad, la belleza no es para el cristiano una mera experiencia estética, sino que el concepto pleno y consumado de la belleza se identifica con la misma “santidad”. Creado a imagen y semejanza de Dios soy morada de Dios y templo del Espíritu Santo. Es ahí donde radica la fuente de mi belleza.

Con la cuarta letra (e) nos plantamos de lleno en la cuaresma. Decía Dostoievski: La belleza salvará al mundo. Pero la belleza de la que habla no es otra que ¡Jesús crucificado! Sí. Ciertamente, la belleza salvará el mundo, pero la belleza ha de ser descubier ta en la figura sufriente del crucificado. La cuaresma será una invitación profunda a convertirnos a la única belleza que salva, Jesucristo.

La quinta letra (z) nos habla de la belleza de la Pascua y la vida que brota en primavera después del frío invierno. La foto nos introduce en el templo, espacio sagrado que debiera evocar la belleza de Dios, y en la liturgia, ámbito privilegiado de la belleza.

La última letra (a) nos habla de la belleza de pertenecer a la Iglesia. Ante la falta de confianza que la Iglesia inspira en los jóvenes es urgente que nuestros jóvenes descubran, no solo la bondad, sino la belleza de pertenecer a la gran familia de creyentes que es la Iglesia. Y si realmente estamos convencidos de la belleza de nuestra vocación, en la Jornada de Oración por las vocaciones, Domingo del pastor bella, ¿nos atreveremos a proponer explícitamente nuestra forma de vida?