25 de diciembre de 2014

NACIÓ POR NOSOTROS, PARA NUESTRO BIEN

Dice san Francisco al contemplar el Misterio de la Navidad: Se nos ha dado un niño santísimo amado y nació por nosotros fuera de casa y fue colocado en un pesebre, porque no había sitio en la posada (Oficio de la Pasión 15, 7).
 
El nacimiento de Cristo tiene un sentido y una finalidad salvadoras. El Hijo, anhelando buscar al hombre, deja el seno del Padre, toma nuestra carne y nos hace “ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios” (Ef 2, 19). Para ello se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo... llegando incluso a someterse a la muerte (cf. Fil 2, 7-8). Lo más subrayado en los escritos de Francisco es que este misterio acontece “por nosotros, para nuestro bien”. Es obra del amor del Padre solo comprensible desde ahí: como donación, gracia y entrega. Es la gran misericordia de Dios pues en ella toma semejanza plena con nuestra realidad: “En aquel día envió el Señor Dios su misericordia y en la noche su canto” (OfP 15, 5). 

De esta manera conoce Dios nuestra carne, no sólo porque nos ha creado, sino porque se ha “amasado” en ella. Así comparte todo lo nuestro, abraza todo lo humano para salvarlo, redimirlo, llevarlo a su plenitud. El Hijo emprende nuestro camino histórico tomando nuestra carne para, desde dentro, conocer la “tremendidad” de nuestra historia y realidad... Y así nos salva Dios, encarnándose, haciéndose presencia y compañía, transformándolo todo con la fuerza de su amor, ofreciendo a todos la posibilidad de acercarse a él y de acogerlo.

Desde este blog vocacional y con los sentimientos de san Francisco, que vivía estos días con una alegría singular, os deseamos:

¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD DEL SEÑOR!