9 de febrero de 2015

FRAY MIGUEL Y FRAY ZBIGNIEW, MÁRTIRES DE CRISTO

CULMINA EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE NUESTROS FRAILES DE PARIACOTO

El Papa Francisco ha autorizado el reconocimiento del martirio de fray Michal Tomaszek y fray Zbigniew Strzalkowski, franciscanos conventuales polacos, asesinados por odio a la fe en Perú en 1991. También el martirio de Mons. Óscar Romero, asesinado en El Salvador. En los próximos meses serán beatificados. ¡La santidad no es cosa del pasado! ¡La fe en Jesucristo sigue suscitando mucha vida entregada hasta el final! ¡Gracias, Señor, por estos hermanos nuestros y por monseñor Romero!
 
El obispo emérito de Chimbote, Mons. Luis Bambarén, ha declarado: “El proceso de beatificación de nuestros misioneros franciscanos conventuales Michael Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, que entregaron sus vidas y derramaron su sangre en Pariacoto, ha culminado al quedar evidente que Sendero Luminoso los sacrificó por odio a la fe y no por motivos políticos o sociales”, anunció.

También ha recordado que a los sacerdotes asesinados los terroristas los acusaron de: 1. Impedir que el mensaje de la “lucha armada” sea acogido por los jóvenes y el pueblo porque “la religión es el opio del pueblo”; 2. Porque con Cáritas y las obras sociales levantan un muro que impiden que las masas avancen a la toma del poder porque “la religión es el opio del pueblo”.

“Desde el viernes santo en que el hijo de Dios entregó su vida por nosotros, miles y miles de cristianos han derramado su sangre por amor a Jesús y nos dejan su testimonio de fidelidad”, remarcó.

Los sacerdotes polacos Michael Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski fueron asesinados el 8 de agosto de 1991 por un comando de aniquilamiento de Sendero Luminoso. Pertenecían a la Orden de los Frailes Menores Conventuales y, trabajando como misioneros en la parroquia de Pariacoto (Perú), fueron secuestrados y fusilados por los terroristas.


Lugar del martirio de nuestros hermanos en Pariacoto (Perú)
A vosotros, hermanos Miguel y  Zbigniew, que os habéis hecho semilla que cae en tierra andinas para morir con Cristo y así resucitar con Él, os pedimos que nos acompañéis con amor fraterno, para que aprendamos a entregar nuestra vida cada día por Cristo y por su Iglesia.