22 de abril de 2015

"MOISÉS, YO ESTOY CONTIGO": CUANDO DIOS NOS DESARMA...


Estamos demasiado acostumbrados a pensar en Moisés como en un hombre que descubrió rápidamente, ante la zarza ardiendo, lo que Dios quería de él, y que, aunque se resistió un poco, acabó aceptando lo que Dios le pedía. Pero, como todo en la vida, la realidad no es tan sencilla. La historia de Moisés es mucho más compleja y larga; quizás por eso, mucho más rica y cercana a nosotros.

Tal vez lo interesante sea contemplar el proceso: a Moisés le costó descubrir lo que Dios quería y, además, puso más de una objeción, aunque ninguna le sirvió ante Dios. Una a una Dios se las fue desmontando con tan solo estas palabras: Yo estoy contigo. Además, nada de lo que vivió antes de la zarza fue inútil. Toda su vida fue un prepararse para encontrarse con Dios desde una llamada personal, aunque ni él mismo se diera cuenta: “Moisés, Moisés”. Vivió conscientemente su vida, estuvo abierto, buscó y terminó por encontrar. Por eso se pudo decir de él, al final, algo que sólo se dice de él en la Biblia, en el momento de su muerte: sus ojos y su vigor no se debilitaron, pues fue un hombre que habló cara a cara con Dios (Dt 34). ¿Qué nos puede enseñar Moisés sobre la experiencia vocacional? Sin duda que muchas cosas, pero quedémonos con dos:
 
La primera, que el itinerario vocacional y la experiencia vital de Dios no son, en general, repentinos, sino eso, ¡un camino! Por eso hay que saber afrontarlo como tal, incluso cuando uno está en tierra extranjera... Nos podrán pasar muchas cosas en la vida: una educación que nos marca de una determinada manera, una falta de compromiso con la realidad, determinados fracasos, opciones más o menos egoístas, intentonas más o menos fuertes de fidelidad... Pero si hay un corazón abierto a lo nuevo, Él está y se deja encontrar.
 
La segunda, que si falta opción por los demás, no hay opción por Dios. Dios y su propuesta (misión) son inseparables, y sólo se puede vivir desde él entregando la vida.

 Respondió Moisés: Aquí estoy.
 Éxodo 3. 1-7,10,12. 4.1-3