11 de agosto de 2017

PREPARACIÓN A LA FIESTA DE SANTA CLARA DE ASÍS (III)

AMAR, AMAR MUCHO, ¡TOTALMENTE!

La «comunión» con Cristo en la eucaristía es el corazón, la cumbre de toda la vida interior de santa Clara. Aquí convergen todas sus plegarias y todas sus ofrendas, como los ríos se lanzan al océano. Por este sacramento, la presencia de Dios en el corazón del hombre alcanza, en ella, su realismo más grande: «Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor: a Aquel cuya hermosura admiran el sol y la luna, cuyos premios no tienen límite ni por su número ni por su preciosidad ni por su grandeza; a aquel -te digo- Hijo del Altísimo, dado a luz por la Virgen, la cual siguió virgen después del parto. Únete a su Madre dulcísima, que engendró un tal Hijo: los cielos no lo podían contener, y ella, sin embargo, lo llevó en el pequeño claustro de su vientre sagrado, y lo formó en su seno de doncella» (CtaCl 3,3). 

Hacer del seno de María el primer claustro del mundo es una analogía muy profunda y muy fuerte que expresa bien cómo Clara debía de acoger el cuerpo de Cristo. Como Francisco, nunca dejará de asombrarse ante tan inmenso abajamiento del amor de Dios. Que el hombre pueda convertirse en la morada de su creador, la sume en profunda admiración. Y para vivir semejante misterio, lo que se nos pide es amar, amar mucho: «Es clarísimo que, por la gracia de Dios, la más noble de sus criaturas, el alma del hombre fiel es mayor que el cielo: los cielos, con las demás criaturas, no pueden abarcar a su Creador; pero el alma fiel -y sola ella- viene a ser su morada y asiento, y se hace tal sólo en virtud de la caridad» (CtaCl 3,4). 

Oración: Jesús, amado Jesús, único camino de salvación; tú me invitas diciéndome: «Ven a mí... Aprende de mí... Hoy quiero alojarme en tu casa... Mira que estoy a la puerta y llamo»... Y, sin embargo, ¡qué poco me fío de ti! Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para sanarme. Jesús, atráeme a ti, como atrajiste el corazón de santa Clara, y dame todo ese amor que de mí pides.