15 de septiembre de 2016

EL TIEMPO DE LA VOCACIÓN


Nunca es demasiado pronto para corresponder a la llamada de Dios. Cuando Dios llama importa poco la edad, la experiencia... Hace muchos siglos, Jeremías vivía en Anatot, un pueblecito cercano a Jerusalén, en la finca de sus padres, cuando fue llamado por Dios para ser profeta. El chico se resistía aduciendo que era demasiado joven y débil para este oficio tan importante, pero Dios le respondió: «No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré». ¿Qué más se puede pedir? Samuel, que llegaría a ser un gran profeta, recibió la llamada siendo aún niño. 

San Alfonso de Ligorio se decidió a los veintisiete, después de años de brillante ejercicio profesional; San Agustín se bautizó a los treinta y tres, después de una juventud bastante loca; y San Juan de Dios cambió de vida a los cuarenta y dos, tras una existencia aventurera. No existe una “edad perfecta” para la entrega. Dios llama cuando quiere y como quiere. Aunque también es cierto que su llamada suele llegar casi siempre en la en la adolescencia o en la juventud, como les ocurrió a san Francisco y a santa Clara.

Por tanto, ser muy joven no es motivo para retrasar la entrega a Dios. Todos hemos escuchado alguna vez (o quizás también lo pensamos…) la cansina y socorrida cantinela de que «es demasiado joven para entregarse a Dios», o que «ha de esperar a saber más de la vida», o que «ha de probar antes otras cosas». Sin embargo, la vocación no es programable: ¡El Señor llama cómo y cuándo quiere! Es cierto que somos nosotros los que libremente respondemos a su invitación, pero no es bueno imponer a Dios nuestro propio calendario. 

Además, la llamada de Dios no es una “desgracia”, no nos hace perder nada, nada, absolutamente nada de lo que hace nuestra vida libre, bella y grande. Entonces, ¿por qué tener miedo? ¿Por qué pensar que Dios quiere “estropear” los mejores años de nuestra vida y por tanto hay que apurarlos al máximo? ¿Por qué seguir posponiendo la decisión que hace vibrar nuestro corazón, que nos hace soñar alto, lo que sabemos que Dios nos está pidiendo?

Entonces yo dije: "Aquí me tienes".

11 de septiembre de 2016

COMIENZO DEL NOVICIADO EN ASÍS

Alejandro (en primer plano) junto con fr. Joaquín y fr. Valentín (Roma, Curia general) y fr. Juan Carlos (Asís)

Un nuevo grupo de jóvenes del área mediterránea comenzó ayer en Asís el año de noviciado con el rito de la "vestición" o entrega del hábito de san Francisco, "hecho en forma de cruz para aprender a abrazar cada día la cruz de Cristo". Entre estos jóvenes se encuentra Alejandro Aldavero, de la Provincia de España, originario de un pueblo de la sierra madrileña y que este año ha cumplido 20 primaveras. Le acompañaron varios hermanos de la Provincia que residen en Asís y en Roma. 

¡Recemos mucho por él y también para que otros jóvenes escuchen la llamada del Señor y no tengan miedo de dar el paso!

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29 de agosto de 2016

NUEVOS HERMANOS. ¡GRACIAS, SEÑOR!

El sábado pasado, 27 de agosto, 14 novicios hicieron su profesión temporal en la Orden en el marco incomparable de la basílica de san Francisco en Asís. Entre ellos se encontraba fray César Euceda, novicio de la Provincia de España. En manos del Ministro provincial, fr. Ángel Mariano Guzmán, y junto a la tumba del "Pobrecillo", prometió seguir a Cristo en pobreza, castidad y obediencia como hermano e hijo de san Francisco. Fray César estuvo acompañado por varios frailes españoles en representación de toda la Provincia. ¡Gracias, Señor, por este nuevo hermano!


Y en los próximos días, Alejandro Aldavero, postulante de la Provincia de España, hará su ingreso en el noviciado del Sacro Convento de Asís. Rezamos por ti, Alejandro, para que el Señor y la Virgen Inmaculada te acompañen y te sostengan en este precioso y exigente camino. Recordemos las primeras palabras de la Regla de san Francisco: "La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad".



¡Al Señor Jesús todo el honor y la gloria!