25 de mayo de 2020

¡VEN, ESPÍRITU SANTO! VENCE MIEDOS Y RESISTENCIAS


Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo, te damos gracias por todas las vocaciones con las que has bendecido a la Iglesia: por los apóstoles y discípulos del Señor Jesús, por los mártires, por las vírgenes consagradas, por los monjes, por los pastores, por los misioneros... ¡Continúa, todavía, te pedimos, esta tu obra! 

Acuérdate de cuando, en Pentecostés, descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la madre de Jesús, y mira a tu Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes, testigos fieles de tu gracia; tiene necesidad de consagrados y consagradas que manifiesten la profunda alegría de quien vive sólo para el Padre, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con la caridad y la esperanza un mundo renovado. 

Espíritu Santo, eres tú quien abre el corazón y la mente a la llamada divina; eres tú quien hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, al servicio; eres tú quien puede vencer miedos y resistencias, dudas y temores; eres tú quien puede transformarlos en confianza y valentía. 

Ilumina el corazón y la mente de los jóvenes, para que nuevas vocaciones manifiesten la grandeza de tu amor y todos puedan conocer a Cristo, luz verdadera del mundo, para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna. ¡Ven, Espíritu Santo!

10 de mayo de 2020

PARA QUE SIGAMOS SUS HUELLAS (1)


EL EVANGELIO CON LOS OJOS DE SAN FRANCISCO

Dice el Señor Jesús a sus discípulos: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Guardemos, por consiguiente, las palabras, la vida, las enseñanzas y el santo evangelio de aquel que se dignó rogar por nosotros a su Padre y manifestarnos su nombre... "Les haré conocer tu nombre, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos. Padre, los que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean tu gloria en tu reino. Amén" (De la Regla no bulada 22).

ORACIÓN

Señor Jesús, muerto a causa de nuestros pecados y resucitado para redimir nuestra historia, que estás buscando entrar en mi vida para llenarla de tu VIDA y de tu VERDAD: tómame, Señor, tómame contigo, libérame de tantas ataduras y haz que camine siempre a tu lado, ¡por tu CAMINO y no por los míos! Amén.

2 de mayo de 2020

CRISTO VIVE Y TE QUIERE VIVO

Cuentan los biógrafos, que asistiendo Francisco a la misa en una iglesia de Asís, se sintió interpelado hasta tal punto por el Evangelio del día, el de la misión de los discípulos (Mt 10, 5-15), que pidió al sacerdote que se lo explicara, descubriendo en aquel fragmento del Evangelio una llamada personal de Cristo que le revelaba su verdadera vocación y misión. Inmediatamente puso en práctica la palabra de Jesús: se hizo un nuevo hábito, reducido a una sola túnica más pobre todavía, se ciñó con una cuerda, desechó el calzado y bastón de ermitaño, y, sin alforja, bolsa ni dinero, marchó a anunciar a todos la llegada del Reino por la conversión de los corazones. A todo el que encontraba le dirigía «el saludo que le reveló el Señor» (Test 23). Por todas partes «anunciaba la paz que viene de Dios, predicando la salvación» y llevando a Cristo a aquellos que estaban alejados de Él. 

Poco después, el Señor le regaló sus primeros hermanos. El primero fue Bernardo, noble caballero de Asís. Y, junto a él, un tal Pedro. Francisco los llevó a Cristo, vivo y que habla en el Evangelio, yendo con ellos a una iglesia para pedirle «que les manifestase lo que debían de hacer». Pidieron a un sacerdote que les enseñase los textos evangélicos sobre «la renuncia al mundo», e inmediatamente los adoptaron como «forma de vida y regla para ellos y para todos los que quisieran unirse a ellos». Como advierte con agudeza el autor de la Leyenda de los Tres Compañeros, esto no fue más que el resultado de la transformación operada por Dios en Francisco y la confirmación ahora manifestada y comprobada de que su nueva vida no era fruto de otro capricho, sino obra de Dios. 

Para obedecer a la llamada de Cristo, Bernardo y Pedro vendieron todos sus bienes y distribuyeron lo recaudado a los pobres, tomaron un hábito parecido al de Francisco y «desde entonces vivieron unidos según la forma del santo Evangelio que el Señor les había manifestado». Poco a poco comenzaron a llegar muchos más hermanos, de toda Italia, e incluso de otros países...

Sí, querido amigo, como nos recuerda el Papa Francisco con frecuencia, quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez... Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, se han sentido tan conmovidos por Jesús, que se han convertido a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano de “agua de rosas”. Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí, dejas todo. Puedes cambiar efectivamente el tipo de vida, o seguir haciendo lo que hacías antes, pero tú eres otro, has renacido...”.  


¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!