17 de junio de 2018

¿CÓMO RECONOCER SI ES VOCACIÓN?


No es extraño que la voz de Dios tarde en esclarecerse, que no se escuche al principio con nitidez. De ahí la tentación de no prestarle mucha atención y de ir posponiendo sin cesar el momento de afrontar una posible llamada del Señor... Sin embargo, queremos animaros a que, si os encontráis en esa situación, en vez de escapar o no darle importancia, pongáis en práctica dos sencillas recomendaciones que nos vienen de la experiencia de san Francisco.

En primer lugar, orar, dialogar con Dios, rogarle que os haga ver con más claridad qué quiere de vosotros. Normalmente no lo hará por medios excepcionales, como a san Pablo camino de Damasco, sino que os dejará una cierta penumbra, quizá para no forzar vuestra libertad, para dejaros más iniciativa personal. En segundo lugar, pedir consejo a quien realmente os pueda ayudar y os oriente para descubrir la voluntad de Dios, en vez de a quien siempre os dice que no os compliquéis la vida. 

San Francisco no tomaba una decisión, grande o pequeña, sin recurrir a la oración. Aun para elegir si ir a predicar a un país o a otro “oraba e invitaba a los hermanos a orar, para que Dios inclinase su corazón a ir allí donde fuese mejor, según la voluntad divina” (Leyenda Perusa 108). La oración, por tanto, era indispensable para él. Junto a ella, también Francisco buscaba descubrir la voluntad del Señor en las resonancias interiores que su espíritu iba gustando: la alegría, la dulzura que le inundan llegan a ser el signo de que cumple la voluntad de Dios. Así experimenta que cuando se determina por un gesto de misericordia, aunque éste repugne a su naturaleza, como el servicio a los leprosos, experimenta una especial dulzura interior, a diferencia de cuando se abandonaba a los placeres de otro tiempo, que lo dejaban vacío (2Celano 9). 

Otro medio para descubrir lo que es mejor ante Dios es el diálogo con los hermanos y su consejo. En la Carta a un Ministro, refiriéndose a un problema concreto entonces suscitado, Francisco escribe que sería tratado en el capítulo general de Pentecostés, “con el consejo de los hermanos” (Leyenda menor 12). Cuando le vuelve la duda de si el Señor le quiere para la vida eremítica o para el apostolado, ora y hace orar, y habla largamente con los hermanos: “Hermanos, ¿qué decidís, qué os parece justo?” Luego manda pedir consejo a fray Silvestre y a Santa Clara: su respuesta es para él “indicación de la voluntad de Dios” 


Haz que conozca tu voluntad, Señor.

13 de junio de 2018

FIESTA DE SAN ANTONIO DE PADUA

Aunque san Antonio no pertenecía al círculo de los primeros compañeros de san Francisco, vivió la frescura de los orígenes del carisma con total adhesión y con docilidad absoluta. Supo captar la esencia de la vida y de la espiritualidad de san Francisco y de sus primeros hermanos: el seguimiento radical de Cristo pobre y humilde; el deseo apasionado de dar testimonio de su amor por Cristo hasta el martirio, si fuera necesario; el espíritu de itinerancia y de provisionalidad para ir donde lo mandara la obediencia y lo esperara «el pueblo sediento de Dios»; la centralidad de la palabra de Dios en su predicación, que para Antonio era la «tierra fecunda, el resumen de todo el saber: «Quien no conoce las sagradas letras, no conoce ninguna».

Su sensibilidad franciscana fue plenamente reconocida por los hermanos y por el mismo santo de Asís. Así lo demuestra la carta que san Francisco le escribió a finales de 1223 o a principio de 1224, cuando llamaron a Antonio a Bolonia para que enseñara sagrada teología a los hermanos: «Al hermano Antonio, mi obispo, el hermano Francisco: salud. Me agrada que enseñes la sagrada teología a los hermanos, a condición de que, por razón de este estudio, no apagues el espíritu de la oración y devoción, como se contiene en la Regla». 

Una alusión de la Vida primera de Celano, redactada entre 1228 y 1229, es decir, cuando Antonio todavía vivía, revela la fidelidad con que el Santo de Padua siguió, tanto en su enseñanza en Bolonia como en su predicación itinerante, las indicaciones de Francisco. Hablando del Capítulo provincial de 1224 en Arlés, escribe Celano: «También estaba presente en aquel capítulo el hermano Antonio, a quien el Señor abrió la inteligencia para que entendiese las Escrituras y hablara de Jesús en todo el mundo palabras más dulces que la miel y el panal». 

Algunas preciosas frases extraídas de sus escritos: 

“La caridad es el alma de la fe, hace que esté viva; sin el amor, la fe muere”. 

“Oh ricos haced amigos... a los pobres, acogedlos en vuestras casas: luego serán ellos, los pobres, quienes os acogerán en los tabernáculos eternos, donde existe la belleza de la paz, la confianza de la seguridad, y la opulenta serenidad de la saciedad eterna”.

“Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú mires en la cruz como en un espejo. Allí podrás conocer cuán mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habría podido curar, a no ser la de la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad humana y tu valor... En ningún otro lugar el hombre puede comprender mejor lo que vale que mirándose en el espejo de la cruz”.

“Si predicas a Jesús, él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente”.

“Los buenos prelados de la Iglesia y los verdaderos religiosos son estrellas brillantes en lugar tenebroso. Ellos dirigen a los navegantes a través del mar, con rumbo recto hasta las puertas de la vida eterna. Pero los hipócritas y falsos religiosos son estrellas errantes, causa de naufragio para otros. Por eso serán golpeados por la tempestad de la muerte eterna”.

18 de mayo de 2018

KOLBE O LA GRANDEZA DE LA VOCACIÓN


Este fin de semana se estrena en España la película-documental "Dos coronas", sobre la vida y misión de san Maximiliano M. Kolbe. ¡Vayamos a verla todos los que podamos! Hay vidas e historias memorables a las que merece la pena volver con frecuencia, porque sugieren pequeñas o grandes victorias del amor sobre el miedo, el odio y la sinrazón cuando todo parecía perdido. Sin duda, una de ellas es la del padre Kolbe, franciscano conventual polaco, fundador de la Milicia de la Inmaculada (Asociación Internacional de Fieles Católicos presente en 46 países, también en España) y de varias “Ciudades de la Inmaculada”, entre ellas Niepokalanów, cerca de Varsovia, con más de 700 frailes entregados al trabajo apostólico utilizando los medios más modernos: prensa, radio, cine… 

El 14 de agosto de 1941 moría en el campo de concentración de Auschwitz, dando su vida para salvar a un joven padre de familia como testimonio supremo de caridad. Había llegado el 28 de mayo de ese mismo año tras haber pasado varios meses entre torturas y palizas de la Gestapo en la cárcel Pawiak de Varsovia, lugar que “hacía helar la sangre”. Al día siguiente de su muerte, su cuerpo fue quemado en el horno y sus cenizas esparcidas al viento. Humanamente hablando: Un rotundo fracaso, una derrota del mal sobre el bien. Sin embargo, el padre Kolbe no murió, “dio la vida por el hermano”, como afirmó el Papa san Juan Pablo II en su canonización. 

El amor vence. Vence siempre. Es así que comprendemos la vida y la muerte de san Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, es decir, ¡testigo del amor más grande! “No olvidéis el amor”, había dicho a sus hermanos antes de dejar Niepokalanów camino de la prisión. Acosado, sí, pero no desesperado; perseguido, sí, pero no abandonado; derribado, sí, pero no vencido (cf. 2Corintios 4, 7), porque entregó su vida por amor. Y “el amor es más fuerte que la muerte” (Cant 8, 6). 

Toda vocación tiene la promesa de ver cosas grandes (¡según el Evangelio!). Los que aceptan entregar su vida a Dios se convierten en testigos privilegiados de las maravillas que la gracia realiza en los corazones (empezando por el propio) y del triunfo del amor de Dios sobre el mal y el pecado. Sin esta perspectiva sobrenatural, es difícil entender el camino que a cada uno le depara su vocación. Sin esta perspectiva profunda, es difícil (¡por no decir imposible!) entender la vida, la misión y el desenlace final de san Maximiliano. Y tú, ¿qué crees que tiene preparado para ti el Señor? ¿Y si fuera la vida franciscana, como a san Maximiliano Kolbe? 

Madre Inmaculada, nos dejamos guiar por ti.
San Maximiliano Kolbe, ¡ruega por nosotros!