10 de agosto de 2019

FELIZ FIESTA DE SANTA CLARA DE ASÍS


Padre de las misericordias, te damos gracias y te bendecimos por nuestra madre y hermana santa Clara de Asís:

Ella, mujer de noble estirpe, no se dejó engañar por los honores y las falsas promesas de este mundo, sino que halló en tu Hijo Jesús, única y verdadera riqueza que no pasa, el tesoro de gracia que colma el corazón. De la mano de tu siervo Francisco descubrió que no es posible ambicionar la gloria en este mundo y después reinar en el cielo con Cristo. 

Ella, mujer fuerte y valiente, no temió arriesgar su honor y su fama huyendo de la casa paterna, despreciando las comodidades de un palacio para vivir en un pobrísimo monasterio y entregar toda su vida a Cristo, el más hermoso de los hijos de los hombres, despreciado, golpeado, azotado de mil formas en todo su cuerpo y crucificado entre atroces dolores por nuestra salvación. Desde entonces, todo su empeño no fue otro que mirarle y contemplarle, con el único deseo de imitarlo. 

Ella, mujer hecha oración, se dejó transformar por la Belleza sin igual del rostro de tu Hijo amado, contemplado en la asidua oración y celebrado con fervor en los sacramentos. Su corazón quedó totalmente conquistado por la pobreza del Niño colocado en el pesebre y envuelto en pañales, por la humildad, la pobreza bienaventurada y los múltiples trabajos y penalidades que soportó durante su ministerio y por la inefable caridad, a cuyo impulso quiso padecer en el leño de la cruz y morir. 

Ella, mujer pobre y humilde tras los pasos de san Francisco, ¡mujer nueva del valle de Espoleto!, descubrió que de nada nos sirve ganar el mundo entero si perdemos nuestra alma. Ella, alma clarísima y reluciente, vivió una oscura «noche» de casi veintinueve años de enfermedad, en la que aprendió el significado de la palabra paciencia, haciendo la experiencia de un «Esposo» pobre y crucificado, «clavado en el leño de la cruz». 

Ella, hermana y madre, cuidó con inefable caridad de la pequeña grey que Tú, oh Padre, quisiste engendrar en tu Iglesia santa con la palabra y ejemplo del bienaventurado Francisco, para seguir la pobreza y humildad de tu amado Hijo y de la gloriosa Virgen su Madre, un pueblo de hermanas pobres, nacidas del Espíritu Santo, para un único ideal: el seguimiento del santo Evangelio en pobreza y humildad. 

En el día de su fiesta, te pedimos Altísimo Padre, por tu Hijo Jesús, que se ha hecho para nosotros camino, en el Espíritu Santo, que cuantos nos inspiramos en su testimonio luminoso de santidad, sigamos cada día con mayor autenticidad el Evangelio como norma de vida y aprendamos a vivir en pobreza y humildad, saliendo al encuentro de las necesidades de los hermanos, practicando con ellos la santa caridad y la entrañable misericordia. Amén. 

Santa Clara de Asís, ¡ruega por nosotros!

8 de agosto de 2019

SAN FRANCISCO Y SANTO DOMINGO: PURO EVANGELIO

En este día toda la Iglesia celebra a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Frailes Predicadores (Dominicos), nacido en Calaruega (Burgos), en el seno de una noble familia castellana. Desde su juventud sobresalió por sus virtudes poco comunes. Fue canónigo regular en Osma, donde se ejercitó en la predicación. Su encuentro con los predicadores de la época, encargados de luchar contra la herejía (cátaros), durante un viaje por el sur de Francia (Provenza) cambió el rumbo de su vida, al intuir que la pobreza y la sencillez de vida debía ser la señal legitimadora de la predicación evangélica y que no había otro camino de renovación en la Iglesia que la vuelta a la frescura genuina del Evangelio, vivido en pobreza y humildad

Fue en este contexto en el que surgió la vocación de dos hombres providenciales, "dos lumbreras del firmamento de la Iglesia", los llama Tomás de Celano: Domingo de Guzmán y Francisco de Asís. Las crónicas antiguas de ambas Órdenes hablan del encuentro de ambos y del conocido abrazo fraterno: "Santo Domingo encontrándose con san Francisco exclamó: Tú eres mi compañero, tú caminarás conmigo, estemos juntos y todas nuestras empresas se realizarán por la fuerza del Todopoderoso".  

Fue un hombre de intensa oración, asiduo en el estudio, incansable en la predicación, paciente en las contrariedades, valiente en la búsqueda y en la defensa de la fe. Caminaba a pie descalzo, dormía en tierra, ayunaba y se mortificaba, convencido de que sus sacrificios contribuían al bien de las almas y a la renovación de la Iglesia.

Un discípulo, después de una admirable predicación suya, le preguntó qué libros había consultado para tener tanta sabiduría. Le respondió: “Hijo mío, he estudiado el libro de la caridad de Dios y este libro enseña todo”. Llevaba continuamente consigo el Evangelio de san Mateo y las cartas de San Pablo y meditaba tan largamente estas últimas, que llegó a saberlas casi de memoria. Varias veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó tal ministerio, queriendo vivir con sus hermanos en pobreza. Murió en Bolonia (Italia) el 6 de agosto de 1221.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

5 de junio de 2019

QUIERO LO QUE TÚ QUIERAS

Sólo Jesús conoce nuestro corazón, nuestros deseos más profundos… Si estás escuchando la llamada del Señor a darte totalmente a Él para servir a su Iglesia como consagrado o sacerdote, no te dejes paralizar por la duda o el miedo. Pronuncia con valentía tu propio “sí” sin reservas, dile: "Señor, quiero lo que Tú quieras". Y fiáte de Él, que es siempre fiel en todas sus promesas. En Su querer está tu felicidad.