1 de julio de 2020

XXI CAPÍTULO PROVINCIAL OFM CONV. DE ESPAÑA


Amigos: paz y bien. Los Franciscanos Conventuales de la Provincia de España empezamos hoy nuestro XXI Capítulo Provincial, presidido por el Ministro general de la Orden fray Carlos Trovarelli. En medio de este contexto tan atípico causado por el COVID-19, será un tiempo de oración para ponernos a la escucha del querer de Dios, de discernimiento fraterno y revisión de estos últimos cuatro años y, sobre todo, de VOLVER A COMENZAR, porque, como decía nuestro padre san Francisco, "hasta ahora poco o nada hemos hecho en el servicio del Señor". 

Os pedimos que nos acompañéis con vuestras oraciones. ¡Qué el Señor nos bendiga y nos guarde a todos! Os iremos informando cada día por estos medios. 

Puedes seguir la crónica de cada día del Capítulo y algunas fotos en nuestra página de facebook: https://www.facebook.com/franciscanosconventuales.deespana/ 

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10 de junio de 2020

800 AÑOS DE LA VOCACIÓN FRANCISCANA DE S. ANTONIO


LA VOCACIÓN DENTRO DE LA VOCACIÓN

Cuando fueron llevabas desde Marruecos las reliquias de los primeros mártires franciscanos (Berardo y compañeros), se divulgaron por los reinos de España los muchos milagros que Dios hacía por sus méritos. Oyendo el siervo de Dios Antonio, canónigo regular de san Agustín, los milagros que por ellos se obraban, se confirmaba en la fortaleza del Espíritu Santo, haciéndose más firme su fe. Decía en su corazón: ¡Oh, si el Altísimo quisiera hacerme partícipe de la corona de sus santos mártires! ¡Oh, si pudiera ofrecer mi vida por Cristo!

Habitaban entonces no lejos de la ciudad de Coimbra, en un lugar que se llama San Antonio dos Olivais, algunos frailes menores, los cuales, según la regla de su Orden, iban frecuentemente a pedir limosna al monasterio donde moraba el siervo de Dios Antonio. 

Acercándose un día a ellos, como tenía por costumbre, para saludarlos, les dijo: “Hermanos, de buena gana recibiría vuestro hábito, si me prometéis que, una vez aceptado entre vosotros, me enviaréis a tierra de misión, para poder así yo también merecer ser hecho partícipe de la corona junto con los santos mártires”. Volvieron los frailes gozosos al convento, y quedó el siervo de Dios Antonio para pedir licencia al abad del monasterio donde residía sobre lo tratado. A duras penas, y a fuerza de ruegos, pudo recibir la licencia de su abad para vestir el hábito de los menores. No olvidados de la promesa, llegaron los frailes de buena mañana, según lo convenido, y vistieron con premura al siervo de Dios el hábito franciscano en el convento. 

Apenas concluido el rito de admisión, se acercó uno de sus antiguos hermanos, de los canónigos regulares, y con amargura de corazón, le dijo: “Vete, vete, que serás santo”. El siervo de Dios Antonio, volviéndose a él, le respondió humildemente: “Cuando oigas que soy santo, alabarás al Señor”

Oración: Padre santo, dueño de la mies y de los sembrados, por intercesión de san Antonio de Padua, te pedimos que llames a nuevos jóvenes que estén dispuestos a entregar su vida por el Evangelio de tu Hijo Jesucristo, en la Orden Franciscana. Amén.


Coimbra (Portugal), Iglesia de San Antonio donde el joven canónigo Fernando Martins
fue acogido en la Orden de los Menores y tomó el nombre de fray Antonio (OFM Conv.-Portugal)

3 de junio de 2020

TODO ES POSIBLE PARA EL QUE CONFÍA


Hay algo que permanece inmutable desde san Francisco hasta nosotros, sean cuales sean los cambios históricos y sociales: el Espíritu del Señor. Toda la vida de san Francisco, si se le presta atención, acontece bajo la guía del Espíritu Santo. Casi cada capítulo de su vida se abre con la observación: “Francisco, movido, o inspirado, por el Espíritu Santo, fue, dijo, hizo…”. Una inmensa cantidad de signos anunciadores de nuevos tiempos nos estimulan y provocan hoy en día; nos corresponde a nosotros armonizarlos y convertirlos en posibilidades de una vida renovada, iluminándolos con nuestra fe, que es confianza, adhesión y decisión en el Señor. 

Lo contrario es el miedo, la desconfianza y la parálisis que nacen en nosotros cuando nos apoyamos sólo en nuestras propias fuerzas y «posibilidades», cuando nuestros horizontes no van más allá de nuestras preocupaciones de supervivencia, cuando nos parece que todo ha de pasar por nuestros esquemas. Si somos capaces de librarnos de estas insidias, tendremos la audacia de emprender nuevos senderos, no trazados, no evidentes, no gratificantes, como hizo san Francisco, pues cuando confiamos en el Señor, «ante quien hemos encontrado gracia», tenemos la certeza de que en Él y con Él todo es posible.

¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven y llena nuestros corazones con el fuego de tu amor!