29 de noviembre de 2020

ADVIENTO CON S. FRANCISCO: EL COMIENZO DEL FIN...


Esta es la invitación que nos hace san Francisco para el Adviento:
 

Ruego a todos los hermanos que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud (muerte de lo viejo), del mejor modo que puedan, hagan servir, amar, honrar y adorar al Señor Dios con corazón limpio y mente pura (comienzo de lo nuevo), que es lo que él busca sobre todas las cosas (¡Dios reinando en nosotros!); y hagámosle siempre allí habitación y morada a aquél que es Señor Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, que dice: Vigilad y orad en todo momento (Regla no bulada, 22). 

El misterio de Adviento es un misterio de vaciamiento, de pobreza, de limitación. Debe ser así. De otro modo no podría ser un misterio de esperanza. El misterio de Adviento es un misterio de comienzo: pero también es el misterio de un fin (removido todo impedimento, pospuesta toda preocupación...). Es el comienzo del fin de todo lo que en nosotros no es todavía Cristo. Y eso, sin duda, es motivo de alegría. Pero por desgracia nos aferramos a nuestra irrealidad, preferimos lo nuestro a lo suyo, lo viejo a lo nuevo, continuamos aferrados a nosotros mismos.

Adviento como tiempo de gracia significa aceptación de ese comienzo totalmente nuevo. Si hemos de entrar en el comienzo de lo nuevo, debemos aceptar la muerte de lo viejo. El comienzo, pues, es el fin. Hemos de aceptar el fin, antes de poder empezar. O más bien, para ser más fieles a la complejidad de la vida, hemos de aceptar el final en el comienzo, ambos juntos.

Y para contemplar, orar y comprometerte en este tiempo de Adviento,
visita nuestra nueva página www.oracionfranciscana.com

17 de noviembre de 2020

SANTA ISABEL DE HUNGRÍA: A MÍ ME LO HICISTEIS...


Hoy, 17 de noviembre, celebramos la fiesta de santa Isabel de Hungría, princesa y penitente franciscana del siglo XIII, patrona y modelo de la Orden Franciscana Seglar (OFS) o Tercera Orden. La santidad aparece en la historia de la Iglesia como un exceso de amor: por Cristo y su evangelio, por los pobres, por la Iglesia, por la justicia y la caridad... En santa Isabel, a pesar de los siglos, brilla con una fuerza siempre nueva este exceso de amor. 

Su breve pero intensa vida, ¡murió con 24 años!, estuvo colmada de servicio amoroso y de alegría, pero también de sufrimiento. Su generosidad y su amor desbordantes hacia los pobres, en quien reconocía el rostro de Cristo, provocó no pocos escándalos en la corte de Wartburgo; no encajaba en aquel ambiente prepotente y ambicioso. Muchos la tenían como una loca. Se discute entre los biógrafos si fue echada del castillo de Wartburgo o simplemente se marchó. Lo cierto es que su respuesta a esta nueva situación de precariedad fue un canto de agradecimiento que pidió entonar en la capilla de los franciscanos, el Te Deum, por haber abandonado el castillo... 

Poco tiempo después, el Viernes Santo de 1228, puestas las manos sobre el altar desnudo de la capilla de los franciscanos, hizo profesión pública de abandonar la lógica de este mundo para seguir a Cristo en pobreza y humildad, asumiendo el hábito gris de penitente como signo externo. Desde aquel momento, día tras día, hora tras hora, pobre con los pobres, libre de toda atadura, practicó la misericordia sin descanso, fundando hospitales y sirviendo personalmente a pobres y enfermos, siguiendo las palabras de Cristo: cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.

Santa Isabel hizo resplandecer la luz y la esperanza en el corazón de muchas almas. ¡Sólo Dios sabe las lágrimas que secó, las heridas que vendó, el amor que supo despertar! Su santidad fue una novedad rica en matices que abrió un camino nuevo en la Iglesia y en la Orden Franciscana, siendo la primera mujer que alcanzó la santidad en el seguimiento de Cristo según la forma de vida de san Francisco, el pobrecillo de Cristo. 

En el día de su fiesta nos encomendamos a su intercesión, para que su testimonio siga iluminando nuestro camino cristiano y franciscano, especialmente el de los hermanos de la Orden Franciscana Seglar.

Santa Isabel de Hungría,
que siguiendo el ejemplo de san Francisco 
rechazaste las riquezas para abrazar la pobreza con Cristo pobre; 
mujer fuerte que te desviviste en el servicio a los más débiles e indefensos: 
¡Ruega por nosotros y enséñanos a buscar los bienes que no pasan!

26 de octubre de 2020

EL PAPA NOMBRA CARDENAL AL CUSTODIO DE ASÍS


Ayer el Papa "nombró" cardenal al padre Mauro Gambetti, custodio del Sacro Convento de san Francisco en Asís. Un hombre humilde, atento, acogedor, de gran entrega y buena preparación humana y espiritual. Dios quiera que su servicio a la Iglesia universal sea tan precioso como el que ha hecho hasta ahora a la Orden. Seguro que le esperan grandes responsabilidades. ¡Que nuestro padre san Francisco interceda por él y por su ministerio!

¡Para alabanza de Cristo y de su siervo Francisco!