Cuaresma en clave franciscana: "un corazón vuelto hacia Dios"


   Con esta expresión, "tener el corazón vuelto hacia Dios", entendía san Francisco lo que hoy nosotros llamamos conversión. Volver nuestra mirada, sí. La de los ojos y la del corazón. Porque tantas veces anda perdida o demasiado centrada en nuestro ombligo. Volver nuestra mirada, sí. Porque, más que en las palabras o en los gestos el encuentro con Él se da en la mirada. En la Suya y en la nuestra. Cuentan los biógrafos que el joven Francisco, al comienzo de su aventura evangélica, buscaba la soledad y el silencio de la ermita de san Damián. Fue en ese lugar donde aprendió a fijar su mirada en la imagen del Crucificado que presidía el ábside de la pequeña iglesia en ruinas. Al calor de su mirada, misericordiosa y llena de bondad, sumergido en la profundidad de aquellos ojos grandes y penetrantes, descubrió su vocación. Una voz le invitaba a entregar su vida por la Iglesia de Dios que debía ser reparada y restaurada sobre su único y seguro fundamento que es Jesucristo, pobre y humilde. Jesucristo fue quien enseñó a Francisco a mirarse a sí mismo y a mirar el mundo con ojos nuevos. 

Mira un momento a tu alrededor…
Mírate por dentro…
Mira a Jesucristo...


¿No te parece…
que hay demasiada distancia en tus ojos, 
que la crisis no es sólo económica,
que ninguna ideología es capaz de llenar la vida,
que abunda el extravío y el sinsentido,
que sin Dios nos deshumanizamos,
que no hay victoria sin sacrificio,
que somos lo que somos ante Dios, y no más,
que ya está bien de autoengaños,
que sin Dios el camino se hace demasiado difícil,
que no es sano negar la sed de infinito,
que sólo Dios puede salvar de veras,
que los atajos para ser felices no funcionan,
que no se puede vivir sin esperanza,
que es hora de volver a unir lo que se ha roto,
que no hay hilo más fuerte que el amor,
que el corazón no se conforma con menos que con Dios,
que tanta belleza ha de tener un origen,
que la muerte no puede ser lo último,
que todo esto tiene que tener un sentido,
que tantas prisas no llevan a ningún sitio,
que no es humillante reconocerse pequeño,
que nadie se cura del todo si no vuelve a Dios,
que el arte nos habla de Dios, y la ciencia también,
que hemos de cuidar más nuestras relaciones,
que a Dios no se le puede tratar a distancia,
que sin Dios siempre estaremos demasiado solos,
que hemos abusado demasiado del amor,
que falta sabiduría y aplomo interior,
que no puede ser que el que más grita sea el que tenga la razón,
que cuando el día muere Dios no puede faltar,
que Dios sigue presente en cualquier brote de vida,
que toda amistad verdadera habla de Dios,
que es bueno saber que Dios nos espera con los brazos abiertos?


En esta Cuaresma:
Mira un momento a tu alrededor… 
Mírate por dentro… 
Mira a Jesucristo...

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