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21 de mayo de 2021

EL ESPÍRITU DEL SEÑOR Y SU SANTA OPERACIÓN


Toda la vida de san Francisco, si se le presta atención, acontece bajo la guía del Espíritu Santo. Casi cada capítulo de su vida se abre con la observación: “Francisco movido o inspirado por el Espíritu Santo, fue, dijo, hizo…”. Hay algo que permanece inmutable desde san Francisco hasta nosotros, sean cuales sean los cambios históricos y sociales: el Espíritu del Señor. 

Una inmensa cantidad de signos anunciadores de nuevos tiempos nos estimulan y provocan hoy en día; nos corresponde a nosotros, como a san Francisco, convertirlos en posibilidades de una vida renovada, iluminándolos con nuestra fe, que es confianza, adhesión y decisión en el Señor.

Lo contrario es el miedo, la desconfianza y la parálisis que nacen en nosotros cuando nos apoyamos sólo en nuestras propias fuerzas y posibilidades, cuando nuestros horizontes no van más allá de nuestras preocupaciones de supervivencia, cuando nos parece que todo ha de pasar por nuestros esquemas. Si somos capaces de librarnos de estas insidias, tendremos la audacia de emprender nuevos senderos, no trazados ni evidentes, como hizo san Francisco, pues cuando confiamos en el Señor tenemos la certeza de que en Él y con Él todo es posible. 

¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven y llena nuestros corazones con el fuego de tu amor!

17 de abril de 2021

TÚ ERES NUESTRA ALEGRÍA


Una de las cosas que más atrae de san Francisco es su alegría. En sus gestos, en sus palabras, en sus decisiones... reconocemos a un hombre que se sabía profundamente amado y cuidado por Dios. Escuchando a Cristo a través de su evangelio descubrió que sólo una cosa era necesaria y bastaba para todo: dejarse hacer, dejarse guiar, dejarse transformar por el Espíritu de Dios. 

San Francisco, a partir de su conversión, dejará de buscar el éxito y fama; ya no luchará por mantenerse en el pedestal porque habrá elegido el último de los peldaños, como Jesús, con Jesús. El no apropiarse de nada ni de nadie, de manera radical, será la raíz de su alegría verdadera: todo lo esperará de Dios, el altísimo y buen Señor, único necesario que basta para todo. 

Esta libertad del corazón es gracia, ¡sin duda alguna!, pero no ahorró a san Francisco de librar librar duras batallas: El siervo de Dios que no se enoja ni se turba por cosa alguna, vive, en verdad, sin nada propio. Y dichoso es quien nada retiene para sí, restituyendo al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios [Adm. 11].

¡Al Señor Jesús, que vive por los siglos, gloria y alabanza!

2 de febrero de 2021

ADONDEQUIERA QUE VAYAS, SEÑOR


El 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo, celebramos la Jornada de la Vida Consagrada. Entrar hoy en una orden o congregación religiosa es, más que nunca, remar contracorriente. Es para gente muy centrada en lo esencial de la fe, que no desea someterse al pensamiento único, que no se conforma con el hedonismo placentero dominante, que tiene muy claro que los pobres no son artículos de modas ideológicas, que ha descubierto a la Iglesia como el mayor espacio de libertad personal y comunitario, que se ha enamorado apasionadamente de la forma de vivir el Evangelio de un fundador. Ser religioso o religiosa es optar por una forma de vida que no se cotiza, que no tiene aplausos. Sin embargo, es la manera más bella de vivir la vida “escondida en Cristo” (Col 3,3), de ser “sal y luz del mundo” (Mt 5,13-16), de encarnar el espíritu de las Bienaventuranzas. 

Hay que alejar esa idea de que los religiosos son una “especie en vías de extinción”. Dios no abandona a su Iglesia. A pesar del problema demográfico en occidente y de la crisis de fe, aún hay jóvenes que con la gracia de Dios rompen con los esquemas establecidos y entran en una orden, congregación o instituto. Todavía hay madres y padres cristianos que se alegran cuando una hija o hijo decide dar un paso así. ¡No está tan seca la fuente de nuestras comunidades cristianas! Podemos estar tan obsesionados por el número y la suplencia en los diversos servicios y no dar gracias al Señor por ese gran testimonio de fidelidad que hoy representan tantos y tantas religiosos que mueren sin haber “mirado atrás” (Lc 9, 62). 

Nos toca vivir nuevos tiempos con grandes desafíos. No tenemos formulas mágicas, pero lo cierto es que no debemos caer en un pesimismo contagioso, ni alentar espejismos triunfalistas. Hoy como ayer, quien está dispuesto a arriesgar por Cristo, jamás se equivoca y sabe que sólo quien pierde la vida por Él, la gana. Solo en el cielo, con toda certeza, comprenderemos el sentido de ese sí, y daremos gracias eternamente rebosando de alegría. Hoy, 2 de febrero, puede ser el día en el que finalmente aceptes este riesgo... 

Dejándolo todo, se fueron con Jesús... 
Lucas 5, 11

21 de enero de 2021

CAPACITA A LOS QUE LLAMA


Tomar la decisión vocacional es difícil, no podemos negarlo. Ante una opción que comprometerá tu vida entera, sentirás todos tus miedos, incertidumbres y limitaciones: “¡Ay, Señor! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho...” (Jeremías 1, 7). Pero Dios no se deja condicionar por nuestros miedos ni limitaciones. Es más, deja claro a Jeremías: ¡Precisamente porque eres joven te estoy llamando! Y es que, como seguro habrás oído, "Dios no llama a los capaces, sino que capacita a los llamados".   

No sé si has pensado alguna vez que Dios nos tiene una confianza enorme, no obstante nuestra fragilidad y nuestros límites... Está siempre dispuesto a aceptar nuestra pequeñez, nuestros “cinco panes y dos peces”, nuestro “sí” titubeante. Necesitamos recobrar la certeza de esta CONFIANZA de Dios hacia cada uno de sus hijos; intuir y experimentar, como san Francisco, la presencia viva y eficaz del Espíritu de Dios en nosotros: fuerza, luz, confianza, valentía. ¡Cuenta con Él y con su ayuda a la hora de responder! Llegar a tomar una decisión con la cual comprometerás toda tu vida, no sólo es difícil, que también, es sobre todo... ¡Una gracia! Hay que pedir al Espíritu Santo esa capacidad de respuesta. 

Entonces verás cómo, a pesar de todas tus limitaciones, o mejor, con todas ellas, es posible responder al Señor, como Isaías: “Aquí estoy, envíame” (Isaías 6,8); es posible decidirse como María, aún sin tenerlo todo claro: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho” (Lucas 1,38). 

Su amor cubrirá el resto de acciones que tu incapacidad no pueda alcanzar. Aquel que te llama y te ama, se encargará de todo lo demás... ¡No lo dudes! 

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

19 de diciembre de 2020

¿PRESCINDIBLE? NO PARA DIOS...


El ángel Gabriel fue enviado "a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret". Decir Galilea significa nombrar una región esencialmente comercial, cruce de gentes, tierra habitada por paganos... En aquella región, además, Nazaret es un lugar apartado, sin renombre, cosa que atestigua también el dicho reflejado por el evangelista san Juan: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1, 42). Desde lo alto de los cielos el mensajero de Dios desciende tan lejos y tan abajo. 

Sorprendente misterio el de las elecciones de Dios, que nos interpela y al mismo tiempo nos remueve: nadie es prescindible para Dios, de todos espera Él una generosa colaboración a su historia de salvación. Dios es tenaz en su amor, nos conoce y, aunque no invade, tampoco está dispuesto a darse por vencido tan fácilmente por más resistencias que pongamos por nuestra parte. Para Dios somos únicos e irrepetibles, por eso no le es indiferente nuestra respuesta, es decir, nuestro sí. ¡Para Dios no somos prescindibles!

Pero... ¿Y si todo esto no fuera sino una semilla loca que nuestra psicología ha creado, una especie de proyección o de ilusión? Dice san Francisco en una de sus oraciones: "Tú eres amor, caridad". El amor de Dios por nosotros no es una ilusión, porque podemos verlo y tocarlo en una persona: Jesucristo. San Francisco nos enseña a acoger en estos días la “verdad” del amor de Dios hecho carne, hecho niño por nosotros. Ojalá que en nuestro corazón nazca el asombro, el agradecimiento y, al final, caigamos rendidos como María ante un amor así, para el que no somos prescindibles: "Aquí estoy, Señor. Hágase en mí".

18 de septiembre de 2020

LA VIDA DE SAN FRANCISCO EN CÓMIC


Os presentamos un proyecto muy interesante. La vida de san Francisco de Asís como nunca te la habían contado. ¡En cómic! Pero tranquilo: no es otra recopilación de tópicos sobre el patrono de los animales, los ecologistas... Desde el máximo respeto por su figura espiritual, en estas páginas descubrirás cómo un joven de familia rica, amante de los placeres mundanos y aspirante a caballero, pasó a convertirse en uno de los santos más conocidos y queridos de todos los tiempos. Entra en esta web para más info. y para apoyar el proyecto:

25 de mayo de 2020

¡VEN, ESPÍRITU SANTO! VENCE MIEDOS Y RESISTENCIAS


Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo, te damos gracias por todas las vocaciones con las que has bendecido a la Iglesia: por los apóstoles y discípulos del Señor Jesús, por los mártires, por las vírgenes consagradas, por los monjes, por los pastores, por los misioneros... ¡Continúa, todavía, te pedimos, esta tu obra! 

Acuérdate de cuando, en Pentecostés, descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la madre de Jesús, y mira a tu Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes, testigos fieles de tu gracia; tiene necesidad de consagrados y consagradas que manifiesten la profunda alegría de quien vive sólo para el Padre, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con la caridad y la esperanza un mundo renovado. 

Espíritu Santo, eres tú quien abre el corazón y la mente a la llamada divina; eres tú quien hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, al servicio; eres tú quien puede vencer miedos y resistencias, dudas y temores; eres tú quien puede transformarlos en confianza y valentía. 

Ilumina el corazón y la mente de los jóvenes, para que nuevas vocaciones manifiesten la grandeza de tu amor y todos puedan conocer a Cristo, luz verdadera del mundo, para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna. ¡Ven, Espíritu Santo!

10 de mayo de 2020

PARA QUE SIGAMOS SUS HUELLAS (1)


EL EVANGELIO CON LOS OJOS DE SAN FRANCISCO

Dice el Señor Jesús a sus discípulos: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Guardemos, por consiguiente, las palabras, la vida, las enseñanzas y el santo evangelio de aquel que se dignó rogar por nosotros a su Padre y manifestarnos su nombre... "Les haré conocer tu nombre, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos. Padre, los que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean tu gloria en tu reino. Amén" (De la Regla no bulada 22).

ORACIÓN

Señor Jesús, muerto a causa de nuestros pecados y resucitado para redimir nuestra historia, que estás buscando entrar en mi vida para llenarla de tu VIDA y de tu VERDAD: tómame, Señor, tómame contigo, libérame de tantas ataduras y haz que camine siempre a tu lado, ¡por tu CAMINO y no por los míos! Amén.

2 de mayo de 2020

CRISTO VIVE Y TE QUIERE VIVO

Cuentan los biógrafos, que asistiendo Francisco a la misa en una iglesia de Asís, se sintió interpelado hasta tal punto por el Evangelio del día, el de la misión de los discípulos (Mt 10, 5-15), que pidió al sacerdote que se lo explicara, descubriendo en aquel fragmento del Evangelio una llamada personal de Cristo que le revelaba su verdadera vocación y misión. Inmediatamente puso en práctica la palabra de Jesús: se hizo un nuevo hábito, reducido a una sola túnica más pobre todavía, se ciñó con una cuerda, desechó el calzado y bastón de ermitaño, y, sin alforja, bolsa ni dinero, marchó a anunciar a todos la llegada del Reino por la conversión de los corazones. A todo el que encontraba le dirigía «el saludo que le reveló el Señor» (Test 23). Por todas partes «anunciaba la paz que viene de Dios, predicando la salvación» y llevando a Cristo a aquellos que estaban alejados de Él. 

Poco después, el Señor le regaló sus primeros hermanos. El primero fue Bernardo, noble caballero de Asís. Y, junto a él, un tal Pedro. Francisco los llevó a Cristo, vivo y que habla en el Evangelio, yendo con ellos a una iglesia para pedirle «que les manifestase lo que debían de hacer». Pidieron a un sacerdote que les enseñase los textos evangélicos sobre «la renuncia al mundo», e inmediatamente los adoptaron como «forma de vida y regla para ellos y para todos los que quisieran unirse a ellos». Como advierte con agudeza el autor de la Leyenda de los Tres Compañeros, esto no fue más que el resultado de la transformación operada por Dios en Francisco y la confirmación ahora manifestada y comprobada de que su nueva vida no era fruto de otro capricho, sino obra de Dios. 

Para obedecer a la llamada de Cristo, Bernardo y Pedro vendieron todos sus bienes y distribuyeron lo recaudado a los pobres, tomaron un hábito parecido al de Francisco y «desde entonces vivieron unidos según la forma del santo Evangelio que el Señor les había manifestado». Poco a poco comenzaron a llegar muchos más hermanos, de toda Italia, e incluso de otros países...

Sí, querido amigo, como nos recuerda el Papa Francisco con frecuencia, “quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez... Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, se han sentido tan conmovidos por Jesús, que se han convertido a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano de “agua de rosas”. Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí, dejas todo. Puedes cambiar efectivamente el tipo de vida, o seguir haciendo lo que hacías antes, pero tú eres otro, has renacido...”.  


¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

4 de febrero de 2020

SI ESTÁS A PUNTO DE DAR EL PASO


RECUERDA...

- que quieres entregarte por completo a Dios, porque Él se ha fijado en ti y te ha llamado por tu nombre, y esto es lo más grande que puede ocurrirnos en esta vida. ¡No retrases más tu respuesta! 

- que desde ahora no te pertenecerán tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el honor, el dinero, la gloria, la fama... Siempre que vayas detrás de estas cosas, te irás apartando de tu vocación. No olvides la promesa que el Señor te ha hecho y que Él siempre cumple: "El que deja casa, padre, madre, campos... recibirá cien veces más y la vida eterna". 

- que la vocación, la llamada de Dios, no se pierde pero puedes dejar que se enfríe si diariamente no cuidas esas pequeñas fidelidades que van centrando tu corazón en Cristo. 

- que las dificultades, las dudas, los momentos de oscuridad forman parte del camino. De ahora en adelante cuenta con ello y no te asustes: ¡Él no te dejará ni su gracia te faltará! Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la monotonía... 

- que la perfección no es de este mundo. No existe la Iglesia perfecta, el sacerdote perfecto, la comunidad religiosa perfecta, la parroquia perfecta... ¡Todo eso existe sólo en tu cabeza! 

- que el desánimo es la tentación de abandonar lo grande y siempre viene de nuestro enemigo. No te desanimes cuando palpes tu fragilidad, cuando te veas incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados, cuando te sientas un poco solo, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.

- que sin vida de oración pronto estarás más cerca del "mundo" que del "cielo" y entonces nada valdrá la pena y entrarás en la espiral de la doble vida . 

- que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que estás a punto de dejar o lo que ya dejaste. Y un consagrado a Dios no puede ser un triste solterón forzado a serlo... 

- que la felicidad en tu vocación está en razón directa con tu entrega sin rebajas, humilde, confiada. 

María dijo: "Aquí está la esclava del Señor, ¡hágase!"

8 de enero de 2020

TE ESPERA, TE BUSCA



La vocación no es algo que tú inventas o decides por tu cuenta: es algo que encuentras o que poco a poco vas descubriendo en tu vida. No es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene sobre ti y que te invita a realizar. Por eso, para descubrir tu vocación, es fundamental crecer en el diálogo y la familiaridad con el Señor, es decir, aprender a orar con el corazón. Sólo mediante la oración es posible encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afina tu oído y todos tus sentidos para que puedas escuchar y percibir la voz de Aquel que te llama por tu nombre y te conoce desde siempre: "Samuel, Samuel... Habla, que tu siervo escucha" (1Samuel 3, 10). Así fue también para san Francisco de Asís, quien, como nos recuerdan sus primeros biógrafos, "cuando oraba en selvas y soledades, hablaba con su Señor" (2Celano 95).

Todo esto te puede parecer un poco difícil… Es verdad, ¡a veces este camino se hace arduo! Pero no olvides la Buena Noticia de la Navidad, que celebraremos dentro de muy poco: ¡El Señor se deja encontrar! Más aún, no tiene otro deseo que ser encontrado y ha tomado Él la iniciativa saliendo a nuestro encuentro. Por eso, el Hijo de Dios, anhelando buscar al hombre, oveja perdida, deja la gloria del Padre y viene a nuestro mundo. Este misterio llenaba de alegría y de agradecimiento profundo el corazón de san Francisco. ¡Y no era para menos! 

El Señor puede y quiere hacerte entender que sus caminos para ti son más grandes de lo que te habías imaginado. Que donde tú ves limitación, Él encuentra posibilidad; que donde tú te cierras por miedo o falta de confianza, Él sabe que todavía hay mucho camino por recorrer. Entonces, ¿también tú estás dispuesto a dejarlo todo para seguirle?

Ven, Señor. Ven, Salvador

30 de noviembre de 2019

AQUÍ Y AHORA: NO DEJES PASAR LA VIDA


¿Habéis pensado alguna vez cómo continuaría la historia del “joven rico” del Evangelio? Jesús le invitó a dejarlo todo y seguirle. Pero él se asustó y se fue triste, porque "era muy rico". Hubo otros que sí le siguieron, que no dejaron pasar la oportunidad de su vida y fueron grandes apóstoles, grandes santos, con la ayuda de la gracia de Dios. Podemos suponer que, pasado el tiempo, a aquel joven le irían llegando noticias del Maestro. Unos dirían que era un impostor, otros que hacía milagros, que era un profeta. Más adelante le llegaría la noticia de que le habían crucificado...

Podemos imaginarnos que el personaje se ha hecho un poco más grande... Tiene la mirada perdida, como desvanecida en el silencio. Vive de nostalgias y de recuerdos, de lo que pudo ser y no fue. Hay algunos instantes de su vida que pesan en su alma como si fueran decenas de años. Y otros que no acaban de pasar nunca, como la mirada profunda de aquel Maestro de Galilea que "mirándole le amó". 

El tiempo ha pasado. Hace unos años, con motivo de la fiesta de pascua, le contaron que lo habían crucificado. Y respiró hondo. «Yo tenía razón: no era más que un visionario. Hice bien en no seguirle. ¡Qué locura hubiera sido echar por la borda todos mis bienes y mis proyectos!». Pero, sin saber por qué, la noticia le entristeció, como aquella tarde cuando volvió la espalda a la mirada del Maestro, llena de un amor nuevo, distinto. En su mente seguía fija la idea de que el Señor le llamó, y que si él no quiso seguirle fue por miedo a arriesgar, pero aquella llamada, aquella vocación seguía viva en su interior. Descubrió que su deseo de entrega, su deseo de Dios, seguía allí, en un repliegue del alma. Porque, durante años, casi sin advertirlo, aquella mirada y aquella sonrisa de Jesús le habían seguido acompañando.

Aquel hombre pudo haber sido un gran apóstol. ¡Cuántas almas pudo haber salvado! Jesús las veía a través de sus ojos. Y veía, detrás de esas almas, tantas y tantas otras. Pero aquel hombre dijo que no. El miedo quebró para siempre los planes de Dios. ¿Por qué? Cuenta el Evangelio que tenía muchas riquezas. Podemos imaginarnos lo que sería. Como mucho, unos campos, unas casas, unos caballos, unos mulos... Y por miedo a perder esas riquezas miserables abandonó a Dios hecho hombre, que le buscaba en lo mejor de su vida. Se entiende que Jesús hiciera aquella dolorosa reflexión, y que comentara entonces que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que entren en el reino de Dios quienes estén apegados a sus seguridades, a sus propios proyectos... ¿Qué es todo eso en comparación con el Reino de los cielos, con servir a Cristo y participar de su gloria, con la vida eterna?

Señor: ¡vence nuestros miedos y resistencias!

11 de septiembre de 2019

ESTOY A TU PUERTA Y LLAMO...


La vocación suele manifestarse al principio a través de formas muy diversas. Es Dios el que llama, ¡el que está detrás de todo!, pero se sirve de tantas pequeñas mediaciones (personas, experiencias, lecturas...), como también de “pequeños flashes” de desconcierto y de insatisfacción que van preparando el corazón para ponerlo en actitud de búsqueda, de escucha, de apertura. La llamada es algo que sólo uno mismo puede escuchar en su interior, cuando es capaz de hacer silencio, y en la que siempre queda un margen para el misterio. Decía san Juan Pablo II respondiendo a una pregunta sobre su propia vocación: «tengo que empezar por decir que es imposible explicarla por completo. Porque no deja de ser un misterio hasta para mí mismo. ¿Cómo se pueden explicar los caminos del Señor? Con todo, sé que en cierto momento de mi vida me convencí de que Cristo me decía lo que había dicho a miles de jóvenes antes que a mí: “¡Ven y sígueme!”. Sentí muy claramente que la voz que oía en mi corazón no era humana ni una ocurrencia mía. Cristo me llamaba para servirle como sacerdote.» 

La vida de los santos, como la de san Francisco, nos muestra que Dios suele dar a conocer su voluntad de modo sencillo, a través de las cosas ordinarias: “mira que estoy a la puerta y llamo”. Espera que libremente acojamos su propuesta, nos decidamos a dar el paso, nos fiemos plenamente de Él: ¡pues sólo quiere que seamos felices de verdad! No lo dudes: vale la pena decir que sí al Señor. Vale la pena entregarle la vida entera. Vale la pena renunciar a tantas cosas por seguirle a Él, por llevar al corazón de gentes, tierras, historias, vidas heridas y sedientas de Él, la luz y la esperanza de su amor. 

No lo dudes: ¡si oyes hoy la voz de Dios, no endurezcas tu corazón!, no pierdas el tiempo inventando excusas, intentado convencerte a ti mismo de que no puede ser verdad. Mira a tu alrededor y fíjate de cuántas maneras sencillas, pero ciertas, te está diciendo el Señor que quiere contar contigo, que espera tu sí, que te necesita... Sí, está a tu puerta y llama, esperando que le abras...

5 de junio de 2019

QUIERO LO QUE TÚ QUIERAS

Sólo Jesús conoce nuestro corazón, nuestros deseos más profundos… Si estás escuchando la llamada del Señor a darte totalmente a Él para servir a su Iglesia como consagrado o sacerdote, no te dejes paralizar por la duda o el miedo. Pronuncia con valentía tu propio “sí” sin reservas, dile: "Señor, quiero lo que Tú quieras". Y fiáte de Él, que es siempre fiel en todas sus promesas. En Su querer está tu felicidad. 

31 de mayo de 2019

NUEVO MINISTRO GENERAL DE LA ORDEN

En el marco del 202º Capítulo general OFM Conv., que se está celebrando en el Sacro Convento de Asís, ha sido elegido Ministro general FRAY CARLOS TROVARELLI, de la Provincia Rioplatense. Será el 120 sucesor del padre san Francisco de Asís. ¡Qué el Señor le bendiga y le asista en esta nueva misión al servicio de todos los hermanos! Más info: https://www.capgenofmconv.org/
Fray Carlos hace la profesión de fe y el juramento ante la tumba del padre san Francisco
Nuevo gobierno general de la Orden
Los frailes capitulares en el claustro del Sacro Convento de Asís

15 de mayo de 2019

CONTIGO, MADRE, TODO ES MÁS SENCILLO


María, la Madre del Señor, es modelo y guía para todo aquel que escucha, en lo más hondo de su corazón, la llamada del Señor y quiere darle una respuesta. La respuesta de María, llena de confianza, es el “Amén” generoso y total pronunciado con humilde y decidida adhesión a Dios, a su voluntad, a su llamada, a su proyecto de amor y salvación. Su “sí” inmediato le permitió convertirse en la Madre de Dios, la Madre de nuestro Salvador. 

María se mantuvo fiel a aquel primer “fiat” hasta el momento culminante de la crucifixión de su Hijo, cuando “estaba junto a la cruz”, sosteniendo, acompañando y participando del sacrificio redentor de Cristo. Y precisamente desde la cruz, Jesucristo nos la dio como Madre y a Ella fuimos confiados como hijos, ¡Madre especialmente de los sacerdotes y de las personas consagradas! 

Es por ello que podemos ponernos en sus manos si estamos descubriendo en nuestra vida la llamada de Dios que nos invita a encaminarnos por la senda del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada. A Ella, Virgen valiente y fiel, podemos pedirle que custodie hasta el más pequeño germen de vocación en nuestro corazón. Y que arranque de él el miedo a pronunciar con alegría nuestro “sí”, nuestro “aquí estoy” humilde y decidido al Señor.

Madre de toda bondad, ¡ruega por nosotros!

8 de mayo de 2019

QUIEN ARRIESGA POR CRISTO, NUNCA PIERDE


El próximo domingo, cuarto del tiempo de Pascua, la Iglesia nos invita a orar especialmente por las vocaciones religiosas y sacerdotales. Entrar hoy en una orden, congregación religiosa o seminario es optar por una forma de vida que no se cotiza, que no tiene aplausos. Sin embargo, es la manera más bella de vivir la vida “escondida en Cristo” (Col 3,3), de ser “sal y luz del mundo” (Mt 5,13-16), de encarnar el espíritu de las Bienaventuranzas.

Hay que alejar esa idea de que los religiosos o sacerdotes son una “especie en vía de extinción”. Dios no abandona a su Iglesia. A pesar del problema demográfico en occidente y de la crisis de fe, aún hay jóvenes que con la gracia de Dios rompen con los esquemas establecidos y optan radicalmente por Cristo. Todavía hay madres y padres cristianos que se alegran cuando una hija o hijo decide dar un paso así. ¡No está tan seca la fuente de nuestras comunidades cristianas! 

Nos toca vivir nuevos tiempos con grandes desafíos. No tenemos formulas mágicas, pero lo cierto es que no debemos caer en un pesimismo contagioso, ni alentar espejismos triunfalistas. Hoy como ayer, quien está dispuesto a arriesgar por Cristo, jamás se equivoca y sabe que sólo quien pierde la vida por Él, la gana. Solo en el cielo, con toda certeza, comprenderemos el sentido de ese sí, y daremos gracias eternamente rebosando gozo. Este próximo domingo, llamado del buen Pastor, puede ser el día en el que aceptes este riesgo... 

¿Me amas? ¡Déjalo todo y sígueme!

25 de abril de 2019

PASCUA: TIEMPO DE ENCUENTROS PELIGROSOS...


Encontrarse con el Señor en este tiempo de Pascua puede ser peligroso, ¡muy peligroso!:

- puede sacarnos de la inconsistencia de nuestros miedos y encerramientos; 

- puede hacer que nuestro corazón vuelva a arder, a apasionarse, a experimentar la alegría de saberse amado incondicionalmente y enviado con una fuerza que no viene de ti; 

- puede abrir nuestros ojos y nuestra mente para hacernos ver las cosas de manera diferente, desde Él y no desde nuestra mirada corta y estrecha; 

- puede hacernos regresar allí donde le crucificaron, para recordarnos que el camino del discípulo no puede ser diferente al del maestro: entregarse, amar hasta el extremo, morir para dar fruto.

- puede soplar sobre las ascuas de nuestra fe para avivar un fuego que ilumine y de calor; 

- puede sacarnos del desencanto, al que nos habíamos acostumbrado, de tantas búsquedas frustradas, de tantos sueños rotos, de tantas promesas incumplidas que nos van secando el corazón; 

- puede fortalecernos con su Palabra para que no sigamos huyendo de su llamada, dejando que el tiempo, los miedos y la inseguridad nos impidan decidirnos totalmente por Él, por su Reino, por su Evangelio.

- puede hacernos descubrir que no estamos solo, que se ha quedado con nosotros en la eucaristía para que nunca más nos sintamos perdidos sin remedio, abandonados a nuestra suerte...

Sí, ¡encontrarse con Cristo en este tiempo de Pascua puede ser muy peligroso!

20 de febrero de 2019

NUESTRA PUERTA ESTÁ ABIERTA PARA TI

Encontrar el “motivo” por el que vale la pena vivir no tiene precio.

Saberse valioso para Aquél que nos dio la vida y nos espera para completarla aún más, es la mejor noticia que nos pueden dar.

Descubrir la grandeza de la propia libertad que lucha por no estar centrada en sí misma, para ser así capaz de ayudar a otros a ser libres de verdad, es lo más “alternativo” y “contracorriente” que podemos hacer.

Pero, sobre todo, comprender que las preguntas decisivas quizás no se refieren al “QUÉ”, sino al “QUIÉN”: hacia “quién” ir, a “quién” seguir, a “quién” confiar la propia vida, es sin duda lo mejor que nos puede pasar en la vida. 

Sólo Cristo nos espera cuando no nos satisface nada de lo que encontramos.

Sólo en Él descubrimos la belleza y la libertad que tanto nos atrae.

Es Él quien nos provoca con esa sed de "más" que no nos permite dejarnos llevar del conformismo.

Es Él quien nos lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar y nos da la gracia para tomarlas… 

¡Sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad! 

Seguirle a Él, como san Francisco, en pobreza, humildad y fraternidad es la esencia de la vocación franciscana. 

No le des más vueltas: si esto despierta lo mejor de ti mismo: Ven, ¡nuestra puerta está abierta!

28 de enero de 2019

QUIEN ARRIESGA POR CRISTO, SIEMPRE GANA

Querer tenerlo todo claro o esperar la confirmación decisiva y evidente por parte de Dios antes de tomar una decisión, son dos reacciones (normales) que podemos experimentar a lo largo del tiempo de búsqueda vocacional. El problema es que pueden convertirse en justificaciones que esconden un ansia de seguridad y el deseo de una certeza tal que nunca vamos a tener y que, por supuesto, no pedimos a Dios en otros asuntos. 

El Señor, llamándonos, no nos indica exactamente lo que tenemos que hacer. Eso nos lo irá revelando poco a poco, a través de signos, personas, experiencias, en la oración... Su llamada es ante todo un encuentro que ensancha nuestro deseo de dar la vida, de entregar lo que somos, de dejarlo todo por Él, porque hemos encontrado el amor más grande. No tengamos ninguna duda: ¡Dios nunca jugará con nosotros, confundiéndonos con su propuesta! 

Si nos abrimos a la confianza y decidimos ponernos en camino, paso a paso, entonces experimentaremos que el pequeño grano de mostaza de la primera intuición o certeza de su llamada, comienza a crecer porque es una semilla que posee una gran fuerza, despertando en nosotros energías insospechadas y una alegría hasta entonces desconocida. ¿Te ha pasado algo así? No lo dejes pasar... 

Todo sería mucho más fácil si nos fiáramos. Lo único que se nos pide es dar el primer paso. Luego, ¡Dios dirá! ¿Y si resulta que ese no era mi camino? ¿Y si me equivoco? No pasa nada. Podemos no acertar a la primera. ¡Les ha ocurrido a muchos santos! Dios no te pide que aciertes siempre, sino que aprendas a confiar en Él. Quien confía en Él nunca se equivoca. Quien arriesga por Él siempre gana. Lo triste sería no dar el paso, permanecer en la duda, dejarse paralizar por el miedo, huir una y otra vez, posponer la decisión, esperar a que todo esté claro como el agua...