25 de marzo de 2015

NADIE ES "DESPRECIABLE" PARA DIOS


El ángel Gabriel fue enviado «a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret». Decir Galilea significa nombrar una región esencialmente comercial, cruce de gentes, tierra habitada por paganos... En aquella región, además, Nazaret es un lugar apartado, sin renombre, cosa que atestigua también el dicho reflejado por el evangelista Juan: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1, 42). Desde lo alto de los cielos el mensajero de Dios, que es Dios mismo, desciende tan abajo. Sorprendente misterio de las elecciones de Dios, que nos anima y al mismo tiempo nos remueve: nada ni nadie es despreciable para Dios, de todos espera Él una generosa colaboración a su designio de salvación. Galilea y Nazaret son también mi corazón, esa región interior de frecuentes comercios, donde se elevan ídolos a tantas divinidades paganas, donde se encuentran y desencuentran las más nobles aspiraciones con las más bajas pasiones, pero donde, en las profundidades más ocultas, permanece también siempre viva la espera de un anuncio de salvación, para iniciar y volver a retomar un camino de verdadera santidad, de verdadera entrega al Señor.

Así pues, a la puerta de una casa oculta, recóndita, insignificante, llamó el ángel Gabriel, enviado «a una virgen, prometida de un hombre de la casa de David, llamado José. La virgen se llamaba María» (v. 27). Después de los lugares, he aquí los nombres que ya se entrelazan en un acontecimiento familiar, ordinario y tranquilo, enmarcado en la gran historia del pueblo elegido, para llevar adelante, con una existencia humilde y oculta, orante y laboriosa, la gran espera del Mesías, el Deseado de todas las gentes.

«Entró donde ella estaba y le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’» (v. 28). Toda la historia de Israel -y la nuestra- es un largo y duro «éxodo», una salida de la tierra de esclavitud -el Egipto del pecado- a Nazaret, en la pequeña casa de la virgen María. El ángel Gabriel entra como los israelitas en la tierra prometida. ¡El éxodo termina en Nazaret! El éxodo no sólo buscaba la liberación, sino también la alianza, la fidelidad, el sí. Por eso el éxodo termina en Nazaret: porque es ahí donde se cumple el primer sí definitivo a Dios, preludio del de Cristo en Getsemaní y en la cruz.
 
Hágase en mí según tu palabra
(Lucas 1, 26-38)